sábado, 3 de diciembre de 2011

exacto

Nunca me ha gustado el tipex. Sí, el tipex. Y os preguntareis, ¿qué habla esta loca? Fácil. Cuando me equivoco tacho y sigo escribiendo, escribiendo esa redacción para lengua, esa carta a aquel amigo que hace mil que no veo. Sigo, sigo adelante. No me gusta poner encima liquido blanco que lo emborrona y escribir sobre la equivocación. Cierto es, que cuando dejas el tachón, se queda ahí para siempre, y que lo mejor sería no tener equivocaciones, pero las tenemos. En mi vida pasa lo mismo. Se que no hay vuelta atrás y que si trato de tapar mi error, se acabara ensuciando todo, y que aunque escriba sobre él, va a seguir estando y no se verá el error, pero tampoco lo que escribí encima, mientras que, si tacho, sí, vale, el tachón sigue, el error permanece, pero puedo continuar escribiendo sin que moleste. Sólo se verá esa mancha negra del tachón, pero se podrá continuar, sin inducir a más errores. Aunque a veces me vida me gustaría que fuera como un ordenador, donde pulsas la tecla "Supr" y listo.

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